sábado, 7 de junio de 2008
Rafael Pérez Bujaldón, in memoriam
El 7 de mayo pasado fallecía el benemérito sacerdote Rafael Pérez Bujaldón, a la edad de 86 años. Había nacido en Purchena (Almería) en septiembre de 1921.
Fue ordenado el 31 de mayo de 1987, cuando contaba 66 años. En la primera etapa de su vida adulta, había contraído matrimonio cristiano con Dª Julia Acosta, de cuya unión nacieron ocho hijos. Durante muchos años trabajó como empleado en el Colegio Notarial de Granada, rodeado del cariño de sus jefes y compañeros. Cuando quedó viudo y sus hijos podían valerse por sí mismos, solicitó ser admitido en el presbiterio diocesano. Bajo la guía espiritual del párroco de San Agustín, D. Francisco Puertas, delegado por el Arzobispo para tal fin, se preparó convenientemente.
Ejerció su ministerio sacerdotal como Vicario cooperador de San Agustín desde 1987 hasta 2002. Su experiencia en el tratamiento y gestión de documentos propició que se le nombrase notario de la Secretaría General del Arzobispado desde 1988 hasta 1997, así como notario del Tribunal de la Causa de los Santos y de los Mártires, y de varios procesos diocesanos de beatificación. Fue miembro de la Secretaría del Sínodo Diocesano, y desde 2001 canónigo Honorario de la Catedral. En la actualidad, servía a la Parroquia de San Juan de Letrán como adscrito.
Compaginaba su edad avanzada con una gran vitalidad física y una envidiable lucidez mental. La cordialidad y afabilidad de su carácter hicieron que su incorporación al presbiterio diocesano se desarrollase con afectuosa integración tanto entre los presbíteros mayores como entre los jóvenes.
Tras las exequias, presididas por el Arzobispo de Granada, D.Javier Martínez, se realizó el sepelio en la cripta de la Catedral. ¡Descansa ya en paz!
Autor: Juan Sánchez Ocaña
Manuel Torres Bayo, in memoriam

Fuente: Semanario Fiesta nº780. 11 de mayo de 2008
Tras una prueba de intenso sufrimiento a lo largo de varios meses en el hospital de San Rafael, el pasado 27 de abril moría, tras una intervención en el Hospital Clínico de Granada, el sacerdote Manuel Torres Bayo. Una cincuentena de sacerdotes, presididos por el Obispo y numerosos fieles de Las Gabias, lugar de su nacimiento, de los pueblos que ha servido como párroco, especialmente en Loja, oraron por él en el día de su entierro.
Hacía pocos días que había celebrado el 47 aniversario de su ordenación, que tuvo lugar en la Encarnación de Santa Fe, el día 26 de marzo de 1961. Desde entonces, su vida de servicio sacerdotal se ha desarrollado siempre en parroquias rurales, comenzando por Alhama como coadjutor, para pasar en 1962 a Fuente de Cesna, y a Huétor Tájar, en 1963, como vicario cooperador. En 1964 fue destinado a Domingo Pérez y en 1970, a Guadahortuna. Después sirvió a la parroquia de Albolote desde 1978 hasta octubre de 1985, fecha en la que fue destinado a la Encarnación de Loja, donde ha permanecido más de veinte años.
Su manera de ser la ha llevado a estar siempre en la zona de sombra, sin buscar nunca brillo alguno, sino sólo el servicio callado, abnegado y celoso por el bien espiritual de sus feligreses. Su sencillez rayaba a veces en una ingenuidad cautivadora: sin trastienda, nunca imaginaba segundas intenciones en los demás. La bondad le brotaba de modo espontáneo, sin esfuerzo, ya desde sus estudios en el Seminario. No en vano, un compañero avispado lo definía, entonces, en clave de humor, "como un trozo de pan untado de aceite".
Los feligreses de las parroquias que ha servido certifican la verdad de su vida y la trascendencia de su conducta. Ellos, como sus compañeros de presbiterio, agradecen a Dios sus setenta y cuatro años de vida temporal, de los que 47 ha gastado en el cuidado parroquial.
Los sufrimientos de los últimos meses, aceptados con amor, han dado profundidad a su entrega en el ministerio activo. "En este altar de cama en el hospital, Manolo, estás celebrando diariamente una preciosa Eucaristía, como lo has hecho durante tantos años en el altar de la Encarnación de Loja", le dijo el Arzobispo de Granada al visitarlo, mientras besaba la mano del enfermo.
Su partida trae, además, la consideración de su pertenencia al grupo mayoritario de presbíteros diocesanos de edad avanzada y, por tanto, en lógica disminución de fuerzas. Este hecho debe llevar a los cristianos a rogar a Dios que suscite vocaciones al sacerdocio para reemplazar a los que ya sienten el cansancio del camino. Así lo pidió a los fieles el pastor diocesano en las exequias por el que había llegado al término de la travesía terrena. ¡En paz ya descansa y vive Manuel Torres Bayo!
Autor: Juan Sánchez Ocaña
A nuestro párroco D.Manuel
Agradecimiento de los feligreses de la Encarnación de Loja al que ha sido su párroco durante tantos años, D.Manuel Torres Bayo.
En nombre de mis paisanos lojeños, quiero dar las gracias a D.Manuel por haber sido el pastor fiel que ha dado su vida por su rebaño durante 22 años. Cumplidor de su deber cien por cien, dio prueba de su amor a la Iglesia representada en la jerarquía. Llevó una vida austera y no escatimó nada para embellecer su parroquia. Su entrega y cercanía se ganó el cariño de todos como lo han demostrado en su enfermedad interesándose por su salud. Todos hubiéramos querido despedirle con un merecido homenaje pero el Señor lo ha sustituido por un abrazo de Padre en el Cielo. Pida para que seamos auténticos cristianos comprometidos y surjan vocaciones sacerdotales que sigan su ejemplo. Gracias D.Manuel. Que Dios le paguie el bien que nos ha hecho. En usted se habrá hecho realidad esa verdad del Evangelio: "Quien pierde su vida por Mí, la encontrará".
Autor: Feligreses de la Encarnación de Loja
jueves, 5 de junio de 2008
Malagueño y profesor universitario ordenado sacerdote el 24 de mayo en Roma
"O arreglas el mundo o te reconcilias con él"
El malagueño y profesor de Universidad Alfonso Berlanga
es ordenado hoy sacerdote en Roma
Málaga 24 de mayo de 2008. El malagueño Alfonso Berlanga, de 32 años y actualmente profesor de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz en Roma, es ordenado sacerdote hoy sábado a las 16.00 horas en la Basílica San Eugenio de Roma por el prelado del Opus Dei, monseñor Javier Echevarría. Este malagueño será ordenado sacerdote junto con otros 35 diáconos procedentes de quince países. Berlanga, universitario y sonriente empedernido reconoce que de vez en cuando sigue los resultados del Málaga y de la liga española por internet. "También por tradición familiar, sigo un poco al Real Madrid, aunque parte de los domingos por la tarde lo dedico a escribir a los amigos".
Si algunos compañeros de Universidad le dicen hace años que va a ser sacerdote ¿se hubiera echado a reír? o ¿se hubiera puesto a temblar?
Cuando menos, me hubiera dado un susto, supongo...
¿Y cómo se arregla el susto?
En eso estoy.... je, je.. Supongo que la vida te va situando en tu lugar. Tienes y haces una trayectoria. Yo soy hijo único. Mi padre (q.e.p.d.) trabajaba en una gestoría; mi madre es empleada de banca. La escuela y los amigos completan la educación de la familia. En mi caso, fui alternando la enseñanza pública y la privada con muchos amigos. A los nueve años pasé del colegio Puertosol a El Romeral, donde hice la mayor parte de los estudios de primaria y secundaria. Luego, el último año de bachillerato lo hice en un Instituto Galileo en Almería: fue todo un cambio, pero ayudó a ser más abierto, a conocer a mucha gente, a organizarme el tiempo... e incluso nació el interés por cursar la carrera de Filosofía, en parte por rebelde, porque no me creía que las cosas que nos contaban fueran "sencillamente así de simples". Al año siguiente me trasladé a la Universidad de Navarra. Después fui a Jaén a trabajar...
Todos los caminos conducen a Roma... ¿pero hay algún camino que conduzca a Málaga?
Los malagueños son gente abierta, con mucha chispa para los chistes; pero de Málaga.... pues... me quedo con su bahía. Aunque suene un poco hortera: me encantaba dar un paseo largo al final de la tarde respirando la brisa que venía del mar. Algunas veces solo, otras con amigos: eran esos momentos en los que uno "arregla el mundo" o se "reconcilia con él".
¿Cómo han reaccionado sus padres, parientes y amigos ante la noticia de su ordenación?
La primera en conocer la noticia fue, lógicamente, mi madre: se llevó una buena sorpresa y necesitó un par de días para asimilarla. Toda la familia se ha alegrado mucho y ya han reservado billete de avión. La ocasión me ha servido también para retomar contacto con amigos de la infancia a los que hacía tiempo que no veía. Un buen amigo de la familia respondía así a la carta que le envié: "Creo que es una bendición de Dios el haberte llamado al sacerdocio y que tú le hayas seguido. Será sin duda tu felicidad y también la de tu madre, como le he dicho. No conozco a ninguna madre de un sacerdote que no se sienta feliz por ello, aunque al principio se sorprenda". Por distintas causas muchos no podrán asistir a la ordenación en Roma, pero han quedado en asistir a la Misa de acción de gracias que celebraré en Málaga; y hay más de uno que me ha pedido hablar más tranquilamente, para "seguir arreglando el mundo".
Pero en su caso usted era ya profesor de Filosofía de bachillerato ¿Cómo eso de ser sacerdote?
Desde pequeño mi padre quería que estudiase derecho; como el derecho no me atraía, él seguía animándome a sacar una oposición en la administración pública. Se ve que pensaba en un futuro laboral seguro, pero acabé decidiéndome por la Filosofía. Siempre he visto la enseñanza como mi vocación profesional y así por ejemplo, desde los quince años, comencé a impartir clases particulares para ganarme unas pesetas de las de entonces. Con los años, esas clases eran algo más que unas sesiones de refuerzo, y era muy gratificante ver a los chicos mejorar en tantos aspectos de su vida cuando tenían bien orientado el estudio. Después he visto cumplida esa aspiración: en Jaén estuve dando clases en la enseñanza secundaria (Latín, Lengua castellana, Filosofía), y ahora en Roma he comenzado este curso académico con la docencia universitaria en la Pontificia Università della Santa Croce. O sea, que sirves a los demas y el sacerdocio es un don exclusivo para intentar servir 24 sobre 24 horas.
El sacerdocio ¿supone un cambio a ese deseo o perfecciona sus pensamientos?
No cabe duda de que un sacerdote ha de tener las cualidades de un profesor: está llamado a enseñar la ciencia que enseña a ser felices en la tierra y a ganarse el Cielo- y a acompañar a todas las personas al encuentro con Jesucristo desde el nacimiento hasta el último día de su vida. En este sentido, el sacerdocio amplía los horizontes de esta misión. Para cumplirla con esmero hace falta la paciencia, el optimismo y la comprensión que he podido ver en la vida de tantos compañeros profesionales que encarnaban esas virtudes.
¿Cómo y dónde conoció el Opus Dei en Málaga?
Mi primer contacto con el Opus Dei podría calificarlo de poco consciente: tenía apenas nueve años y dos primos de mi edad me convencieron para que les acompañara a un campamento de verano organizado por el Club Juvenil Maestranza. Era la primera vez que salía de casa y aquellos días me vinieron muy bien, aunque, como era un poco de "piso", se me hicieron un poco largos. El primer contacto consciente tuvo lugar en 1989 -entonces era alumno del colegio El Romeral- y un gran aficionado al ping-pong: recuerdo bien los partidos y los campeonatos que echaba con los amigos en las instalaciones del Club Maestranza; incluso celebré allí mi cumpleaños. Mi madre trajo una tarta descomunal y, como era un viernes por la tarde, aparecieron todo tipo de "invitados" que no le hicieron ningún feo al pastel...
Ya. Todo normal...
En Málaga y luego en Jaén recuerdo la alegría y el buen humor de la gente de la Obra... pero en su momento: cuando tocaba estudiar, metíamos toda la intensidad y en la sala de estudio no se oía una mosca. Aquello me gustó. Además, recuerdo que enseguida me animaron a hacer cinco minutos de oración delante del Sagrario: en el colegio, o en la iglesia cercana a mi casa, o en el oratorio del Club, intentarlo hacer todos los días.
Y ¿no había algo que le llamara la atención?
La importancia que se le daba al estudio y el acercar a nuestros amigos a Dios; y quedaba claro que en el Centro del Opus Dei el lugar de referencia era el oratorio: no salíamos o entrábamos sin eso que se llama saludar al Señor. Recuerdo con claridad una conversación donde un amigo de club Maestranza me abrió unos horizontes entusiasmantes: era posible convertirse -con todos tus defectos- en grandes hombres, grandes santos... Con el tiempo descubrí que aquello era una enseñanza de San Josemaría en Camino.
Finalmente, dígame algún libro que le haya marcado en su vida.
Como hay tanto donde escoger, no suelo releer libros. Entre esos pocos está La potencia de uno, de Brice Courtenay. Una novela ambientada en África -luego se hizo una película- que cuenta los profundos cambios sociales del siglo pasado, a través de los ojos de un niño de nueve años. El protagonista se abre paso en la vida y llega a ser un buen boxeador; después de uno de sus combates lanza una afirmación que siempre me ha dado que pensar: "el pequeño vence al grande: primero con la cabeza y luego con el corazón. Yo había aprendido la regla más importante para ganar...no dejar de pensar... en los demás".
martes, 3 de junio de 2008
Una información útil para los sacerdotes de Granada
Hay una tienda donde venden clergymans de microfibra (super-fresca) a buen precio: 149 euros. Arreglo de los pantalones sin cobrar, y van a ver la posibilidad de conseguir un segundo pantalón.
La tienda se llama "Luis Castilla" y está en la calle Sierpe Baja (una traversa de Mesones: en la esquina Mesones/Sierpe Baja hay una tienda Benetton).
lunes, 2 de junio de 2008
El Sacerdote Tomás Jurado nombrado Canónigo de la S.I. Catedral de Jaén
Rvdo. Sr. Tomás Jurado Lérida,
nuevo Canónigo de la Santa Iglesia Catedral de Jaén
El Obispo de la Diócesis ha conferido, con fecha 31 de mayo de 2008 la canonjía vacante en el Excmo. Cabildo Catedralicio de la Santa Iglesia Catedral de Jaén, en favor del Rvdo. D. TOMÁS JURADO LÉRIDA, Sacerdote diocesano, en la actualidad Director Espiritual del Seminario diocesano y hasta hace unos meses Párroco de San Félix de Valois, en la Ciudad de Jaén.
nuevo Canónigo de la Santa Iglesia Catedral de Jaén
TOMAS JURADO LÉRIDA
Fecha de nacimiento: Jabalquinto, 14 de Julio de 1933
Fecha de ordenación: Jaén, 29 de Junio de 1960
CARGOS ACTUALES
- Director Espiritual del Seminario diocesano
- Miembro de la Comisión Asesora del Instituto de Sustentación del Clero
- Miembro del Consejo de Órdenes
- Miembro del Consejo Presbiteral
Cargos que ha desempeñado en la Diócesis
Párroco de Santa Elena
Párroco de Arroyo del Ojanco
Párroco de Pegalajar
Párroco de Torreperogil
Encargado de La Encarnación (Bailén)
Arcipreste de La Carolina
Párroco de Marmolejo
Arcipreste de Arjona
Párroco de San Félix de Valois (Jaén)
Confesor extraordinario del Seminario
Miembro del Consejo Presbiteral
Miembro del Consejo Pastoral Diocesano
Arcipreste de Jaén-Ntra. Señora del Valle
miércoles, 28 de mayo de 2008
26 mayo. Retiro para el Clero. "Ministerio presbiteral y espacios de comunión"
El 26 de mayo se celebró un Retiro para el Clero en el Seminario de Granada con el tema "Ministerio presbiteral y espacios de comunión", impartido por Blas Gordo, Vicario de Pastoral de la Archidiócesis de Granada.
Su exposición se estructuró alrededor de cuatro puntos (resumen personal de los apuntes tomados):
1. El presbiterado como ministerio relacional.
El sacerdote ha de reflejar la vida trinitaria, en relación. Y esta relación se establece en cuatro ámbitos:
a) Relación con Jesucristo, cabeza de la Iglesia. Cristo actúa en y a través del presbítero, por lo que es imprescindible cultivar la amistad con Él, pues Cristo conoce perfectamente aquello que agrada a Dios.
b) Relación con el obispo. El sacerdote ayuda en la misión del obispo, que es quien nos envía. Por eso se ha de vivir esta relación con actitud de afecto, obediencia y disponibilidad.
c) Relación con el presbiterio. La íntima fraternidad entre los sacerdotes procede del sacramento recibido, la común consagración y la misión. El obispo es responsable de este conjunto sacerdotal orgánico.
d) Relación con los fieles. Cada fiel cristiano es sacerdote de su propia vida, que ofrece a Dios. El sacerdote ministerial ejerce un servicio a los fieles, consistente en presidir, marcar el ritmo buscando que crezcan en santidad y en número. El encuentro con los fieles converge en la Eucaristía.
2. Ministerio corporativo. Formamos parte de un cuerpo, por lo que no es eficaz actuar aisladamente, aunque cada uno actúe personalmente. Las diferencias sirven para enriquecer la Iglesia y es importante alegrarse del don del otro.
3. Nuevos métodos, nuevo ardor. Ante las dificultades existe la tentación de evadirse en otras actividades, deprimirse, pero hemos de trabajar para que el presbiterio esté unido y así responder a los problemas de nuestro tiempo. El principio ha de ser la espiritualidad de comunión, que uno en la Iglesia se sienta en familia. Hay que mirar el misterio de la Trinidad en el otro, salir de mí mismo para buscar la presencia de Dios en el hermano". Sin espiritualidad de comunión, los medios externos de comunión serían simples máscaras.
4. Espacios de comunión. Teniendo presentes estos principios hay varios ámbitos en los que se puede concretar esta espiritualidad de comunión.
a) Parroquia. No es un lugar de servicios, sino de acontecimientos. La parroquia es lugar de maternidad, donde nacen los cristianos que serán sal y luz. Recomendó el libro "La parroquia reencontrada" publicado por el Consejo para los Laicos. La falta de clero ha de llevar a una mayor implicación de los laicos en la vida parroquial, donde el sacerdote es el coordinador de las diversas actividades. Para ello es necesaria la formación y un cambio de mentalidad. Por supuesto teniendo en cuenta que las necesidades y posibilidades son diversas en parroquias de ciudad y en parroquias rurales.
b) Consejo de pastoral parroquial. La figura del Consejo de Pastoral, aunque sea un ámbito consultivo favorece enormemente la continuidad de las iniciativas y vida de las parroquias. Es necesario que los miembros del Consejo estén bien formados en el espíritu de comunión, para que puedan ser promotores de comunión.
c) Arciprestazgo. Es un ámbito privilegiado para la fraternidad sacerdotal. Favorece el sentirse miembros de la diócesis y de la Iglesia universal. En el arciprestazgo se aprende a trabajar en equipo. En él se pueden analizar las necesidades, ofrecer soluciones, unificar criterios, plantear actividades conjuntas. La figura del arcipreste es clave para que las reuniones sean variadas, atractivas y tengan momentos de oración, diálogo, análisis de la realidad, compartir. En algunos casos es interesante la creación de un Consejo de pastoral arciprestal, en el que puedan participar las personas relevantes para la pastoral de un territorio: consagrados, laicos que colaboran, etc... Los vicarios territoriales son también un elemento de comunión entre los distintos arciprestazgos. Por su parte, las Delegaciones Diocesanas, lejos de ser una simple estructura burocrática, son servicios a la comunión en la Diócesis.
d) Equipos sacerdotales. Es un hecho que los sacerdotes se reúnen de forma espontánea para trabajar juntos, recibir formación, compartir experiencias, o incluso residir en el mismo lugar. Todas estas iniciativas deben verse como una riqueza para la vida en comunión y evitan en gran medida evasiones funestas.
Qué es un párroco. Respuesta de Benedicto XVI en el encuentro con sacerdotes de Belluno-Feltre y Treviso

-Me llamo don Arnaldo. Santo Padre, debido a las exigencias pastorales y del ministerio, juntamente con el número cada vez menor de sacerdotes, nuestros obispos se ven obligados a redistribuir el clero, a menudo acumulando compromisos y encomendando varias parroquias a la misma persona. Eso afecta a la sensibilidad de numerosas comunidades de bautizados y a la disponibilidad de nosotros, los sacerdotes, para vivir juntos —sacerdotes y laicos— el ministerio pastoral. ¿Cómo vivir este cambio de organización pastoral, privilegiando la espiritualidad del buen Pastor? Muchas gracias, Santidad.
-Benedicto XVI: Sí, con su pregunta volvemos a la cuestión de las prioridades pastorales, de cómo debe actuar un párroco. Hace poco tiempo, un obispo francés, que era religioso y por tanto nunca había sido párroco, me decía: "Santidad, quisiera que me explicara lo que es un párroco. Nosotros, en Francia, tenemos grandes unidades pastorales, con cinco, seis o siete parroquias, y el párroco se transforma en un coordinador de organismos, de trabajos diversos". Y le parecía que el párroco, al estar así ocupado en la coordinación de esos diversos organismos, ya no tenía la posibilidad de un encuentro personal con sus ovejas; y él, al ser obispo —y, por tanto, un gran párroco—, se preguntaba si es bueno ese sistema o si se debería buscar la manera de hacer que el párroco sea realmente párroco, es decir, pastor de su grey.
Naturalmente, yo no podía dar una receta para resolver esa situación de Francia, pero el problema hay que plantearlo en general. El párroco, a pesar de las nuevas situaciones y las nuevas formas de responsabilidad, no debe perder la cercanía con la gente; debe ser realmente el pastor de esa grey que le ha encomendado el Señor. Hay situaciones diversas; pienso en los obispos que en sus diócesis afrontan situaciones muy distintas; deben tratar de lograr que el párroco siga siendo pastor y no se convierta en un burócrata sagrado.
En cualquier caso, creo que la primera manera de estar cerca de las personas que nos han sido confiadas es precisamente la vida sacramental: en la Eucaristía estamos juntos y podemos y debemos encontrarnos. El sacramento de la Reconciliación es un encuentro personalísimo. También el Bautismo es un encuentro personal; y no sólo el momento de administrar el sacramento.
Todos estos sacramentos tienen un contexto: bautizar implica primero catequizar de algún modo a esta joven familia, hablar con ellos, a fin de que el Bautismo sea también un encuentro personal y una ocasión para una catequesis muy concreta. Lo mismo se puede decir de la preparación para la primera Comunión, para la Confirmación y para el Matrimonio: siempre son ocasiones donde en realidad el párroco, el sacerdote, se encuentra directamente con las personas; él es el predicador, el administrador de los sacramentos, en un sentido que implica siempre la dimensión humana. El sacramento nunca es sólo un acto ritual; el acto ritual y sacramental es la condensación de un contexto humano en el que se mueve el sacerdote, el párroco.
Además, me parece muy importante encontrar el modo correcto de delegar. El párroco no se debe limitar a ser el coordinador de organismos. Más bien, debe delegar de diferentes maneras. Ciertamente, en los Sínodos —y aquí, en vuestra diócesis, habéis tenido un Sínodo— se encuentra el modo de librar suficientemente al párroco para que, por una parte, conserve la responsabilidad de toda la unidad pastoral que se le ha encomendado, pero, por otra, no se reduzca sustancialmente y sobre todo a ser un burócrata que coordina. Debe tener en su mano los hilos esenciales, contando luego con colaboradores.
Creo que uno de los frutos importantes y positivos del Concilio ha sido la corresponsabilidad de toda la parroquia. Ya no es sólo el párroco quien debe vivificar todo, sino que, dado que todos formamos la parroquia, todos debemos colaborar y ayudar, a fin de que el párroco no quede aislado arriba como coordinador. Debe ser realmente un pastor, con la ayuda de colaboradores en los trabajos comunes que se realizan en la vida de la parroquia.
Así pues, esta coordinación y esta responsabilidad vital de toda la parroquia, por una parte, y la vida sacramental y de anuncio, como centro de la vida parroquial, por otra, podrían permitir también hoy, en circunstancias ciertamente muy difíciles, que el párroco conozca efectivamente a sus ovejas y sea el pastor que de verdad las llame y las guíe, aunque tal vez no las conozca a todas por su nombre, como el Señor nos dice refiriéndose al buen pastor.
Ver todas las preguntas y respuestas del encuentro de Benedicto XVI con sacerdotes de Belluno-Feltre y Treviso

